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La Gran Apostasia que destruye la Iglesia David Wilkerson. La
palabra “apostasía”. Según su etimología, en griego, “apostasía” es
deserción, rebelión,
abandono, retirada, separación de aquello a lo
que se ha acercado antes. Es así como en el contexto bíblico
significa cortar la relación salvadora de uno con
Cristo o apartarse
de la unión vital con El y la verdadera fe en El.
¿Quién es un apóstata? Es alguien que cree, que recibe la Palabra;
aunque
superficialmente, la acepta por un tiempo, cree todo con la mente
(parte de la carne), pero sin hacerlo algo personal ni parte de su
vida; conoce la verdad
pero no la aplica. El apóstol Pablo define a
los apóstatas como personas que escucharon el Evangelio de la gracia
de Dios, pero no recibieron el amor de la verdad
para ser salvos (2
Tesalonicenses 210), escucharon como aquellos que fueron una vez
iluminados (He. 66-8), pero terminaron como la tierra que recibe la
lluvia y
produce espinos y malezas, que no son fruto de nada. El
punto es que no amaron suficientemente la Verdad como para persistir
en ella con convicciones firmes y
profundas.
La Gran Apostasia que destruye la Iglesia David Wilkerson. La
palabra “apostasía”. Según su etimología, en griego, “apostasía” es
deserción, rebelión,
abandono, retirada, separación de aquello a lo
que se ha acercado antes. Es así como en el contexto bíblico
significa cortar la relación salvadora de uno con
Cristo o apartarse
de la unión vital con El y la verdadera fe en El.
¿Quién es un apóstata? Es alguien que cree, que recibe la Palabra;
aunque
superficialmente, la acepta por un tiempo, cree todo con la mente
(parte de la carne), pero sin hacerlo algo personal ni parte de su
vida; conoce la verdad
pero no la aplica. El apóstol Pablo define a
los apóstatas como personas que escucharon el Evangelio de la gracia
de Dios, pero no recibieron el amor de la verdad
para ser salvos (2
Tesalonicenses 210), escucharon como aquellos que fueron una vez
iluminados (He. 66-8), pero terminaron como la tierra que recibe la
lluvia y
produce espinos y malezas, que no son fruto de nada. El
punto es que no amaron suficientemente la Verdad como para persistir
en ella con convicciones firmes y
profundas.